lunes, 18 de octubre de 2010

Deseo


... luego lo miré a los ojos. Si brillo, su mirada. Su vida emanaba de ello. Me bebí su mirada con los ojos míos. Pronto, me llamó la antención su boca. Sus labios rosados y juntos. Eran también sensuales. Luego sonrió. Vi sus dientes; blancos, perfectos. Sentí el calor de su aliento tan cerca de mi piel . Lo miré. Me enamoré.
Y cuando dijo te amo, vi su lengua moverse con total libertad, que la desee. Vi su cuerpo, sus lisas manos, su mirada exaltada. Me exité. Yo debía poseerlo. Debía ahora, ser mío. Lo abracé. Y él no me soltaba. Sentía mi amor, sentía mi pasión. Pero no me sentía.
Un beso nos unió. Pude al fin tener su lengua acosando por mi boca. Tuve sus manos urgando mi cuerpo, mis senos. Yo tambiém tocaba su piel, su pecho era algo que no podía dejar de besar. Jugaba conmigo y con mis deseos. Su cara de pasión me helo por completo; lo miré.
Pronto vi aquello que me derrumbó: sus venas. ¡Sí! Todo su maravilloso cuerpo rodeado por venas, grandes y pequeñas telarañas de carne. Todo en él me llevaba a sus venas. Sus manos lisas se llenaron de bellos canales suaves. Su cuerpo desnudo pintaba líneas verde-azules indefinidas. Su cuello - ¡oh! su cuello- me llevaba a su yugular...
¡Mas yo no quería hacerlo! No él; él no debía acabar así. Yo no podía saciar mi deseo con él...
... ¡pero tan irresistible era!...

Mis caricias se volvieron frías y salvajes. Mi mirada, llena de lujuria, se posó en su cuerpo. ¿Dónde sería mejor hacerlo? Todo su cuerpo rodeado de Sangre...
¡ ya no pude más!
Cedí paso a mi carnivoro instinto. Mordí su piel incontable número de veces. Sacié mi sed y mi deseo con su vida. Perdí el control de mi razón. El deseo devoró cada pedazo suyo, cada gota suya, cada pensamiento mío.
¡Quería más! ¡Deseaba más! Él gritaba, me alejaba. Me temía. Yo lo sabía y eso me exitaba más y más. Entre más altos eran sus gritos, más frías y salvajes se portaban mis manos.
Debí para y no pude; el instinto fue mayor. Pronto, él dejo de latir. Mi cuerpo se congeló, el deseo se enfrió. Sentí miedo.
Todo había acabado. Así acabó él. En mis brazos, en mi cuerpo. Aún así, sonreía. En su pálido rostro se dibujó esa escalofriante sonrisa. ¿Murió feliz? Yo creo que sí.
Cerré sus ojos, cubrí mi cuerpo y me alejé. Tenía frío ahora, y estaba sola otra vez. ¿Por cuánto tiempo?
...

Vankina.
09-02-06